MILAGRO DEL AGUA SÓLIDA
Tal vez algún día un nuevo Bachelard buscará en el inconsciente el secreto de la seducción que el vidrio ejerce sobre los hombres. El vidrio ocupa el espacio sin ocuparlo. Lo modifica con su presencia, pero, gracias a su limpidez, no lo altera. Contiene sin enmascarar, protege sin disfrazar, incluye sin aprisionar; sujeta a la luz y la obliga a bailar, pero no la detiene. Realiza el prodigio de una dentro-fuera, el milagro del aire inmovilizado, del agua transparente de pronto solidificada. Dueño de una alquimia que concilia unas virtudes contradictorias, el vidriero crea mediante el soplo, como Dios. Anima esa materia de ensueño y le asigna, con una presteza increíble, los volúmenes más diversos. Ella se somete a todos sus caprichos, se hincha, se estira, se curva y se amolda a su fantasía.
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